Fisiología del corazón y origen de la mente

En el corazón hay un circuito sanguíneo que suele llamarse «sangre oxigenada» y otro compuesto por «sangre desoxigenada». El primero lleva los campos del entorno al corazón, mientras que el segundo los devuelve al entorno. Todo esto ocurre a nivel del GANS, y podemos sentirlo en forma de emociones.

La ciencia del Edén nos dice que nuestro corazón normaliza los campos entrantes antes de enviarlos de vuelta. Ahora vemos que el corazón, al igual que los pulmones, es un aparato normalizador que siempre está funcionando.

Todos los campos que pasan por el corazón interactúan y las dos mitades del corazón también interactúan. De esta interacción de sentimientos y emociones surge el alma de la forma física o mente, que interactúa con el Alma también a nivel emocional. Desde este punto de vista, el corazón es por tanto un lugar de intercambio emocional.

En este proceso, el cerebro es el lugar donde la información recibida de ambos lados del corazón se traduce en sentimientos y emociones tal y como los conocemos, y se almacena en diferentes cajas. El cerebro también manifiesta los sentimientos y las emociones a nivel físico: en pensamientos, palabras y acciones. Y esta transformación también puede tener un efecto de refuerzo o solidificación; significa que la información emocional se vuelve más estática.

Lo que entra en cada caja lo determina nuestra conciencia, colectiva e individual. Interpretan la información que llega en función de la información ya almacenada en el banco de memoria interna, de modo que cualquier información emocional que nos recuerde de algún modo una experiencia anterior negativa o positiva irá a la casilla de «experiencia negativa» o a la casilla positiva. Y cada una de las informaciones almacenadas reforzará naturalmente la etiqueta de la caja.

Por lo tanto, nuestra identidad se compone de sentimientos y emociones. Y si utilizamos en exceso la mente racional y descuidamos el cuerpo emocional, es como si nunca prestáramos atención a lo que realmente somos; nos mantenemos en un estado de desconocimiento.